Esto amplifica la perspectiva sobre parámetros que, en vista del cambio climático y la escasez de recursos (como por ejemplo el nutriente vegetal fósforo) cobran mayor importancia y aumentan la resiliencia de nuestros sistemas de uso del suelo. Los modelos de cultivo de pequeños agricultores, que son los más importantes para nuestra producción alimentaria a nivel mundial, están menos orientados a la mecanización y pueden adaptarse con mayor flexibilidad a una diversidad tanto de cultivos como de procedimientos para cultivar.
Por el contrario, los monocultivos grandes son el resultado de una mentalidad económica a corto plazo, que favorece de forma unilateral determinados factores (por ejemplo, la mecanización del trabajo en el campo y la homogeneidad de la cosecha). Esto oculta aspectos importantes, como la menor resiliencia ecológica de los cultivos y los costos cada vez más elevados de fertilizantes y pesticidas.
La biodiversidad vital y abundante del suelo permite que las raíces penetren más fácilmente, así el agua de lluvia se filtra mejor y la humedad se preserva durante más tiempo. Asimismo, los ciclos de los nutrientes en el suelo y su capacidad de amortiguamiento se ven favorecidos y optimizados.
Existen analogías con la alimentación de los rumiantes, por ejemplo, una vaca. El pasto en su rumen debe ser descompuesto primero por una gran variedad de microorganismos; de esta simbiosis se obtienen leche y carne o sustancia corporal.
Se sabe que la quema de material vegetal o removerla y acumularla al borde de la chacra, como forma de limpiar los terrenos a sembrar, empobrece el suelo. Por este motivo, conservamos y promovemos la fertilidad del suelo al implementar métodos y sistemas de cultivo, de modo que parte del material orgánico en crecimiento permanezca como alimento para el suelo, o, mejor dicho, para sus microorganismos.
Se incluyen específicamente especies cuyo objetivo principal sea el de contribuir a la productividad del sistema de cultivo. Su función es mantener el suelo sombreado y utilizar la luz para la formación de materia orgánica. Cuando estas plantas se podan regularmente o terminan su ciclo vegetativo, el material se descompone y mantiene la fertilidad del suelo en niveles adecuados.
El mejor resultado se obtiene cuando las plantas crecen en el propio lugar, ya que las raíces constituyen una buena parte de la masa orgánica y liberan los llamados exudados radiculares, que favorecen los microorganismos del suelo. Con este procedimiento, el material orgánico solo tiene que distribuirse por la superficie y no es necesario transportarlo. Estas especies vegetales funcionan como «servidores del sistema» y son valiosas herramientas en manos de los agricultores.
Por eso, junto con los equipos de proyecto en cada región, observamos periódicamente qué especies vegetales del entorno cumplen dichos criterios. Acto seguido, se cosechan sus semillas y se prueban sistemáticamente las diferentes especies en pequeñas parcelas de observación, comparándolas con aquellas que han demostrado su eficacia en otros lugares.
Para la correcta conservación de la fruta, se recomienda procesarla en forma de purés y, a continuación, envasarla y almacenarla en frascos herméticos. Si se pasteuriza a más de 80 °C, y se mantiene un valor de acidez (pH) inferior a 4,0, los purés se mantienen durante muchos meses, sin alteraciones en su composición.
Otra alternativa para la conservación es el secado de la fruta. Sin embargo, en regiones con alta humedad, esto suele ser difícil de llevar a cabo. Además, conlleva el riesgo de que se produzcan toxinas por moho en el producto final. Dichas toxinas no se pueden detectar con medios sencillos, a diferencia de una posible fermentación defectuosa de los purés en un frasco.
La manufactura en el propio lugar permite tener en cuenta la maduración óptima de cada variedad. Además, las cáscaras de la fruta, y en algunos casos también las semillas, permanecen en la región y sirven de alimento a los animales y microorganismos del suelo.
En el acondicionamiento de la cosecha y las primeras etapas del procesamiento, las máquinas motorizadas (trilladoras, molinos, prensas…) pueden incrementar considerablemente la productividad y, en consecuencia, el valor agregado local. Los procesos innovadores resultan especialmente atractivos para los jóvenes que buscan perspectivas de futuro y pueden contribuir al fortalecimiento de una región.