Aspectos centrales

El objetivo principal de los proyectos que apoyamos es el establecimiento, desarrollo y mantenimiento de una agricultura sostenible y ecológica, basada en los principios de la agroforestería. En este sentido, la acumulación de materia orgánica en el suelo y la disponibilidad de semillas y plántulas tienen un papel decisivo. Los sistemas agroforestales con árboles son un eficaz sumidero de CO₂, mejoran la capacidad del suelo para almacenar agua y refrescan la atmósfera.

Agroforestería: los árboles como pilares de la agricultura

La incorporación metódica y consistente de árboles en los sistemas de uso de la tierra, conocida como agroforestería, se basa en técnicas agrícolas practicadas desde hace mucho tiempo, aunque sea una disciplina aún joven dentro de las ciencias agrícolas. Actualmente, se recogen sistemáticamente datos sobre las ventajas de los sistemas agroforestales, lo que nos permite afirmar que, bajo esta modalidad, el microclima de las zonas suele ser más húmedo, los nutrientes presentes en el suelo se aprovechan mejor y, gracias a la optimización de la fotosíntesis a lo largo del año, se obtiene un alto rendimiento de materia orgánica por unidad de superficie.

Esto amplifica la perspectiva sobre parámetros que, en vista del cambio climático y la escasez de recursos (como por ejemplo el nutriente vegetal fósforo) cobran mayor importancia y aumentan la resiliencia de nuestros sistemas de uso del suelo. Los modelos de cultivo de pequeños agricultores, que son los más importantes para nuestra producción alimentaria a nivel mundial, están menos orientados a la mecanización y pueden adaptarse con mayor flexibilidad a una diversidad tanto de cultivos como de procedimientos para cultivar.

Por el contrario, los monocultivos grandes son el resultado de una mentalidad económica a corto plazo, que favorece de forma unilateral determinados factores (por ejemplo, la mecanización del trabajo en el campo y la homogeneidad de la cosecha). Esto oculta aspectos importantes, como la menor resiliencia ecológica de los cultivos y los costos cada vez más elevados de fertilizantes y pesticidas.

Material orgánico: alimento del suelo

Los organismos vivos presentes en el suelo — y en particular la diversidad y la cantidad de los microorganismos — son el factor decisivo para mejorar y sostener la fertilidad del suelo. Estos necesitan condiciones favorables para reproducirse, como un nivel adecuado de humedad y sombra y, sobre todo, alimento en forma de materia orgánica.

La biodiversidad vital y abundante del suelo permite que las raíces penetren más fácilmente, así el agua de lluvia se filtra mejor y la humedad se preserva durante más tiempo. Asimismo, los ciclos de los nutrientes en el suelo y su capacidad de amortiguamiento se ven favorecidos y optimizados.

Existen analogías con la alimentación de los rumiantes, por ejemplo, una vaca. El pasto en su rumen debe ser descompuesto primero por una gran variedad de microorganismos; de esta simbiosis se obtienen leche y carne o sustancia corporal.
Se sabe que la quema de material vegetal o removerla y acumularla al borde de la chacra, como forma de limpiar los terrenos a sembrar, empobrece el suelo. Por este motivo, conservamos y promovemos la fertilidad del suelo al implementar métodos y sistemas de cultivo, de modo que parte del material orgánico en crecimiento permanezca como alimento para el suelo, o, mejor dicho, para sus microorganismos.

Plantas para la producción de materia orgánica

El logro de un cultivo sostenible, o incluso de una agricultura regenerativa que aumente el contenido de humus del suelo, depende de la cantidad de materia orgánica que se acumule continuamente en los campos y de que los microorganismos del suelo encuentren condiciones favorables. La meta es alcanzar una gran diversidad y densidad de plantas con diferentes períodos de vegetación y sistemas radiculares, tanto herbáceas como leñosas y perennes.

Se incluyen específicamente especies cuyo objetivo principal sea el de contribuir a la productividad del sistema de cultivo. Su función es mantener el suelo sombreado y utilizar la luz para la formación de materia orgánica. Cuando estas plantas se podan regularmente o terminan su ciclo vegetativo, el material se descompone y mantiene la fertilidad del suelo en niveles adecuados.
El mejor resultado se obtiene cuando las plantas crecen en el propio lugar, ya que las raíces constituyen una buena parte de la masa orgánica y liberan los llamados exudados radiculares, que favorecen los microorganismos del suelo. Con este procedimiento, el material orgánico solo tiene que distribuirse por la superficie y no es necesario transportarlo. Estas especies vegetales funcionan como «servidores del sistema» y son valiosas herramientas en manos de los agricultores.

Por eso, junto con los equipos de proyecto en cada región, observamos periódicamente qué especies vegetales del entorno cumplen dichos criterios. Acto seguido, se cosechan sus semillas y se prueban sistemáticamente las diferentes especies en pequeñas parcelas de observación, comparándolas con aquellas que han demostrado su eficacia en otros lugares.

Semillas: esenciales para un buen sistema agroforestal

Cada vez se vuelve más fácil encontrar información sobre las plantas en Internet. Sin embargo, consideramos más importante y efectivo probar las especies prometedoras in situ y observarlas durante su ciclo vegetativo. Para ello se requieren semillas o material de propagación adecuados.
El envío internacional de semillas suele ser una tarea ardua y costosa, debido a las formalidades fitosanitarias nacionales y al riesgo de introducción de enfermedades. Por eso, resulta de gran valor contar con una red de proyectos en los distintos países, de manera que sea factible distribuir las semillas dentro del propio país, sin depender de las importaciones. Promovemos redes de este tipo en la mayoría de las regiones donde trabajamos, además de ayudarlos en la adquisición de semillas para las pruebas locales y la reproducción de especies vegetales que han demostrado su eficacia.

Procesamiento local: valor agregado en la región

El procesamiento local (o la conservación adecuada de los productos cosechados) refuerza el autoabastecimiento y reduce la dependencia de los compradores de la zona, ya que los productos procesados también pueden transportarse a mercados más lejanos. De este modo, el potencial de generar ingresos aumenta considerablemente, en comparación con la venta de materia prima y productos agrícolas crudos.

Para la correcta conservación de la fruta, se recomienda procesarla en forma de purés y, a continuación, envasarla y almacenarla en frascos herméticos. Si se pasteuriza a más de 80 °C, y se mantiene un valor de acidez (pH) inferior a 4,0, los purés se mantienen durante muchos meses, sin alteraciones en su composición.
Otra alternativa para la conservación es el secado de la fruta. Sin embargo, en regiones con alta humedad, esto suele ser difícil de llevar a cabo. Además, conlleva el riesgo de que se produzcan toxinas por moho en el producto final. Dichas toxinas no se pueden detectar con medios sencillos, a diferencia de una posible fermentación defectuosa de los purés en un frasco.
La manufactura en el propio lugar permite tener en cuenta la maduración óptima de cada variedad. Además, las cáscaras de la fruta, y en algunos casos también las semillas, permanecen en la región y sirven de alimento a los animales y microorganismos del suelo.

En el acondicionamiento de la cosecha y las primeras etapas del procesamiento, las máquinas motorizadas (trilladoras, molinos, prensas…) pueden incrementar considerablemente la productividad y, en consecuencia, el valor agregado local. Los procesos innovadores resultan especialmente atractivos para los jóvenes que buscan perspectivas de futuro y pueden contribuir al fortalecimiento de una región.

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